Entre los mexicas, era considerado el dios de la nobleza real, las flores, la fertilidad, la poesía y el canto. Fue engendrado por la pareja divina formada por Piltzintecuhtli, el joven dios del Sol, y Xochiquétzal, la joven diosa de la tierra. En la mitología, tenía dos hermanos: Ixtlilton, dios de la salud, la medicina y la danza; y Macuilxóchitl, el dios de los juegos. Esta tríada representa la salud, el placer y la felicidad.
En esta escultura, se le muestra ataviado con una máscara de piel; un pectoral con la figura de un ser cubierto de espinas, como el monstruo de la tierra llamado Cipactli; ajorcas adornadas, bien con espinas o con garras de animal; y porta, además, un máxtlatl sencillo.
Sin embargo, lo que más destacan son las flores que adornan su cuerpo; entre ellas, la flor del tabaco, la datura y la enredadera del ololiuhqui, consideradas plantas sagradas, cuyo consumo ritual propiciaba la comunicación con la divinidad.
Su cabeza está cubierta con un manto orlado de plumas y labrado con los glifos del tonalli, o “calor del Sol”, formado por cuatro círculos, y el de cuatro barras paralelas multicolores, que quizá se refiera a la cualidad luminosa que tienen los astros.
El dios parece estar reventando la superficie de la tierra con las flores germinando de su cuerpo gracias al calor y la luz del Sol.
La pieza fue hallada en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, cerca de Tlalmanalco, en el Estado de México.
Pertenece al periodo Posclásico Tardío (1250-1521). Sus medidas son de 115.5 cm de alto por 55.5 cm de ancho.
Forma parte de la colección arqueológica permanente del Museo Nacional de Antropología.
Conócelo: inah.gob.mx/museos/museo-nacional-de-antropologia
Fotografía: Pamela de la Paz.
