Esta figurilla de jadeíta, de casi 7.7 cm de altura, es una de las obras maestras del arte escultórico olmeca. Representa a una mujer en posición sedente, con los brazos sobre el pecho, ataviada con una falda sencilla y un pectoral en forma de espejo. Su superficie conserva restos de cinabrio, mineral rojo asociado con la vida, la sangre y lo sagrado.
La delicadeza de su rostro, esculpido con notable precisión, revela la maestría técnica alcanzada por los artistas olmecas, quienes lograron capturar en miniatura una expresión serena y profundamente humana.
El espejo que porta no es un elemento decorativo. En la cosmovisión mesoamericana, estos objetos estaban vinculados al poder solar y al jaguar, y eran concebidos como portales de comunicación entre distintos planos del cosmos. A través de ellos, los gobernantes-chamanes accedían a estados de conciencia alterados para establecer contacto con ancestros y deidades.
Esta pieza fue hallada en el Complejo A de La Venta, uno de los centros ceremoniales más importantes del mundo olmeca.
